jueves, 23 de agosto de 2018

MICROBIOTA, MICROBIMA, EUBIOSIS Y DISBIOSIS INTESTINAL


Actualmente estamos escuchando todo el día que si MICROBIOMA,  MICROBIOTA, DISBIOSIS INTESTINAL, EUBIOSIS, una serie de términos que no son conocidos para la mayoría de la población y bueno pues antes de escribir acerca de lo muy importante que es cuidar la microbiota voy a daros la definición de cada uno de éstos términos para que podáis entender a qué me refiero en éste artículo.

Microbiota hace referencia al conjunto de microorganismos (población microbiana) que se encuentran en los diferentes ecosistemas del cuerpo, generalmente asociados a tejidos sanos (piel, mucosas, etc.) del cuerpo humano.

Microbioma hace referencia a todo el há­bitat, incluidos los microorganismos, sus genes, y las condiciones ambientales, pero en la práctica ambos términos se usan indistintamente, confundiendo el sufijo – bioma (comunidad) con el de – oma (conjun­to).

Eubiosis se define como una microbiota intestinal equilibrada que cumple todos los requisitos para beneficiar la salud a nivel metabólico, inmunitario, neuronal y como barrera protectora.

Disbiosis También denominada disbacteriosis, hace referencia a un desequilibrio en el número o tipo de colonias microbianas que han colonizado al hombre. Se da más en el tracto digestivo, pero puede producirse en cualquier parte en la que haya una superficie expuesta o una membrana mucosa. La disbiosis pude afectar a la digestión, absorción de nutrientes, producción de vitaminas y control de microorganismos dañinos. Puede estar provocada por diversas causas:
  • Efecto de ciertos medicamentos (antibióticos)
  • El estrés
  • La ingesta de lácteos y sus derivados
  • Un exceso de proteínas y azúcares simples en la dieta
  • Malos hábitos en la nutrición
  • Agentes contaminantes
  • Etc.


Una vez explicados estos términos voy a intentar explicaros la importancia que tiene mantener sano nuestro sistema digestivo. En nuestro cuerpo poseemos ecosistemas microbianos adaptados a cada zona de modo que los tenemos en la piel, las mucosas, el trac­to respiratorio, la vagina o el tracto digestivo. De todos éstos ecosistemas microbianos, el más complejo, diverso y numeroso es el asociado al aparato digestivo, particularmente en el ciego (una porción de nuestro intestino grueso) donde la densidad de microorganismos es la mayor que hay en nuestro cuerpo.
Estos ecosistemas son impres­cindibles para el correcto funcionamiento de nuestro cuerpo, mantienen un importante nexo de unión con el sis­tema inmune y poseen funciones homeostáticas que condicionan nuestra salud. Por lo tanto y debido a su capacidad metabólica, se considera a la microbiota como un “órgano” imprescindible para la vida y con influencia en la salud y la enfermedad.

Nuestra microbiota experimenta cambios, como consecuencia de la influencia de múltiples factores. Continuamente estamos expuestos a factores que pueden influenciarla, pero ella tiene una gran capacidad de adaptación frente a una situación adversa, con posterior recuperación del estado inicial cuando cesa tal situación, recuperando inmediatamente su estado natural (EUBIOSIS). El nivel de estos cambios viene definido no solo por la naturaleza, la fuerza y la duración de la situación adversa, sino también por la composición y estabilidad de cada microbiota asumiendo que cada una es única para cada persona. La DISBIOSIS puede producirse en cuestión de días, particularmente tras la ingesta de antibióticos, pero también puede ser consecuencia de otras acciones a más largo plazo fundamentalmente relacionadas con la dieta.

Este sistema inmune y la micro­biota intestinal mantienen una unión de equilibrio, pero si se des­equilibra puede dar lugar a un proceso patológico. Esta parece ser la base de ciertas enfermedades autoinmunes donde los antígenos de la microbiota intestinal representan un estímulo suficientemente grande como para desencadenar una respuesta in­flamatoria. En otras patologías, como el síndrome metabólico y la obesidad, también se atribuye a la microbiota intestinal el origen del estímulo que origi­na una respuesta inflamatoria basal continuada.

Recientemente se ha descrito la existencia del eje cerebro-intestino que conecta el sistema nervio­so central con la microbiota intestinal a través del nervio vago, el sistema parasimpático, los metabo­litos bacterianos que pueden tener acciones como neurotransmisores y el sistema endocrino asociado al tracto digestivo. Numerosas evidencias científicas han implicado al microbioma intestinal y su potencial metabólico en diversos estados patoló­gicos en los últimos años, originando nuevas estra­tegias terapéuticas para controlar y regular este eco­sistema. Cómo estrategias terapéuticas actualmente se trabaja con transferencia de microbiota fecal dado su éxito en el tratamiento de la diarrea recurrente causada por Clostridium difficile.
También a raíz de todos estos descubrimientos existen una serie de enfer­medades que se han relacionado con alteraciones en la microbiota como la obesidad, la diabetes tipo 2, las enfermedades inflamatorias del intestino, las alergias, patologías del sistema nervioso central como el autismo, la ansiedad, la depresión y la dependencia alcohólica.
Por tanto, algo que antes no se prestaba tanta atención, actualmente los estudios nos indican la gran relevancia e importancia que tiene cuidar nuestra microbiota intestinal.


  Bibliografía

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2.      Rojo D, Méndez-García C, Raczkowska BA, Bargiela R, Moya A, Ferrer M et al. Exploring the Human Microbiome From Multiple Perspectives: Factors Altering Its Composition and Function. FEMS Microbiol Rev. 2017; 41 (4): 453-78.
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